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Viaje por la frontera de palabras

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El interior de la provincia de Castellón esconde sorpresas lingüísticas como los dialectos y localismos de los municipios de la frontera del valenciano y el castellano.

Llegan las vacaciones y una buena opción es el turismo lingüístico. Esto es, visitar zonas con dialectos o hablas peculiares y conversar con los lugareños. La frontera entre el valenciano y el castellano a lo largo de la provincia ofrece casos muy interesantes. Y también hermosos paisajes, para quien no le contente la lingüística

En el sur de la provincia la frontera idiomática discurre a tan solo 20 kilómetros del mar. En la villa de Chóvar, por ejemplo, se habla un castellano con confusión de la ese y la zeta y un cierto deje aragonés
Rafael Manzana, jubilado del lugar que pronuncia su apellido mansana, explica que “a las almendras les badamos la piel”. Pero esta tarea se hace más pesada si los almendros se encuentran en lo alto de una rocha, que es como se conoce a las cuestas en la Sierra de Espadán.
Estos localismos no se dan solo en zonas rurales. Los habitantes de la Vall d´Uixó llaman coltxo al botijo de beber y antemós a una persona de corto entendimiento. Ya en el corazón de Espadán, Algimia de Almonacid genera palabras de origen incomprensible como litero, que significa tanto sol como calor. “Mira que está cascando un litero que bada las piedras”, dice Pepe Calvo, natural de la localidad, al referirse a un día bochornoso. “Los de Alcudia nos dicen que al sol lo llamemos litero, pero lo cierto es que ellos hablan un chapurriau que no hay quien los entienda“, explica. Y es que muchos lugareños denominan chapurriau a estas hablas limítrofes.
Desde Azuébar, César Ortín señala que “es raro ver personas hablando valenciano en el pueblo, pero lo comprendemos gracias a Canal 9“. Lo cierto es que pocos habitantes de la zona se lanzan a hablarlo. Uno de ellos es Calvo, quien cuando es preguntado en valenciano contesta “poquet a poquet el parlaré“. A este intento de hablar la lengua de Joanot Martorell suelen llamarlo churro. Un término que según Calvo no es despectivo, ya que sus orígenes “se remontan a los tiempos de la Reconquista, cuando los señores de la zona juraban lealtad a Jaime I. Cada uno de ellos decía jo jure, pero llegó el turno del señor de esta parte y soltó yo churro“. 

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